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30 de septiembre de 2014

Respetemos su proceso del sueño

Noticia interesante, sobre cómo evoluciona el ciclo del sueño de los bebés.

María Berrozpe, autora del «Debate Científico sobre la realidad del Sueño Infantil» explica cómo conseguir que los niños duerman


Si tiene hijos lo sabrá. Una de las cosas que conlleva es perder la increíble capacidad de disfrutar una noche entera durmiendo a pierna suelta… al menos hasta que pasan unos años. La mayoría de los padres se desesperan, consultan a otros, piden cita al pediatra, incluso algunos hasta los medican (totalmente contraindicado salvo enfermedades diagnosticadas por especialistas).
Algunos padres recurren al método Estivill, un sistema que «enseña» a los niños a dormir y que, según algunos especialistas, a pesar de su eficacia, tiene consecuencias negativas.
Desde el cuestionamiento del sueño en solitario o las diferentes técnicas para establecerlo, hasta los factores relacionados con la muerte súbita del lactante, todo está en entredicho y, a día de hoy, hay muy pocas verdades establecidas». 
  • ¿Aprenden los niños a dormir?
Entendiendo la pregunta literalmente, tengo que decir que no. Todos sabemos dormir, igual que sabemos respirar. El feto ya duerme, como bien explica el mismo doctor Estivill, y evidentemente nadie le ha «enseñado». Lo que sí puede aprender un niño es a dormir en una serie de condiciones establecidas culturalmente. En nuestra cultura aprenderá a dormir metiéndose en la cama, bajo el edredón o sábana y en pijama, por ejemplo. Otros niños dormirán con la ropa del día y en una estera, algunos tienen que aprender a dormir solos, mientras que otros pueden seguir disfrutando de la compañía de sus cuidadores durante el sueño.
  • ¿Por qué considera que el método Estivill no es el más adecuado?
Este método tiene en sus mismas raíces un error fundamental: la ciencia del siglo pasado convirtió una costumbre establecida culturalmente, el sueño en solitario de nuestros hijos, en una cuestión de salud y ciencia. Los defensores de este método siguen considerando que el niño que a los 6 meses no es capaz de dormir en solitario toda la noche tiene una enfermedad llamada «insomnio infantil por hábitos incorrectos» que si no se soluciona le producirá problemas de sueño en el futuro. Pero hoy está perfectamente demostrado que el sueño en solitario no es imprescindible para tener un sueño saludable. De hecho, es una manera de dormir excepcional para las crías humanas. Hasta el mismo doctor Richard Ferber, mentor del doctor Estivill, acepta el colecho (dormir con los padres) como una práctica perfectamente sana y respetable. Esto no significa que no podamos enseñar a nuestros hijos a dormir en solitario si ese es nuestro deseo. Sólo significa que ya no tenemos excusas (del tipo es por su bien, es para curarle) para forzar este comportamiento mediante un método que implica dejarle llorar, y a una edad a la que el niño todavía no está preparado para asumir esta exigencia cultural. Y no todos los niños lo estarán a la vez. Unos lo lograrán antes y otros después. Lo único cierto es que todos lo harán cuando estén preparados, independientemente de que se hayan aplicado o no este tipo de métodos de adiestramiento, lo que demuestra que, a largo plazo, es absolutamente innecesario.
  • Desde su punto de vista, ¿cómo explica el proceso madurativo del sueño del niño?
El sueño es un proceso evolutivo que se va a adaptando a las necesidades del ser humano. De la misma manera que las características especiales del sueño durante la primera infancia tiene un papel fundamental en el desarrollo del cerebro del bebé, también son un espejo de los cambios que este sufre. El desarrollo del sistema nervioso central que se inicia en la época prenatal continúa en la vida adulta, pero sufre los cambios más dramáticos en los dos primeros años de vida, algo que se ve perfectamente reflejado en el sueño de nuestros hijos.
Hoy se sabe que los fetos ya duermen y, según Rosa Jové, a partir del séptimo mes de embarazo ya tienen claramente dos fases: sueño activo y sueño pasivo. Según esta autora, entre el nacimiento y los 3 meses los bebés dormirán un promedio entre 14-20 horas al día, aunque todavía seguirán un ritmo ultradiano (sin diferenciar el día de la noche). A partir de los 3 meses ya serán capaces de empezar a adquirir el ritmo circadiano (dormir más por la noche que por el día) y la adquisición progresiva de las distintas fases del sueño les irá permitiendo hacer intervalos de sueño cada vez más largos.
Aunque precisamente la adquisición de estas diferentes fases puede traducirse en un mayor número de despertares nocturnos. Hasta los 7 meses el sueño del bebé ha estado en construcción. A partir de los 8 meses entrará en una etapa de maduración y no será hasta los 6 años que se parecerá definitivamente al sueño del adulto. En cuanto a la duración del sueño, en la literatura científica existen tablas estableciendo los percentiles a las diferentes edades, pero parece que todos los autores están de acuerdo a la hora de reconocer la existencia de una enorme variabilidad en la población infantil en cuanto a las necesidades de sueño. A pesar de esto, podemos observar unas tendencias generales en lo que podríamos calificar como un patrón de sueño normal en la niñez:

a.Una disminución progresiva de la duración del sueño diario desde la niñez hasta la adolescencia.

b.Un desplazamiento de la hora de empezar a dormir hacia una hora más tardía, que empieza en la mitad de la niñez y se acelera en la adolescencia.

  • ¿Se sabe de manera científica cuáles son las consecuencias de aplicar el método Estivill a los niños?
Hay poca investigación realizada directamente analizando este método, aunque muchos investigadores consideran que los resultados obtenidos al estudiar el efecto del estrés producido por el cuidado materno inadecuado o la separación del bebé de su madre son extrapolables. Muy resumidamente, podemos decir que el desarrollo de los sistemas de respuesta al estrés de estos bebés se ve afectado negativamente, de manera que, en el futuro, tendrán más probabilidades de desarrollar patologías como la depresión o la ansiedad.
También se ve afectado el desarrollo de sus capacidades cognitivas y hay pruebas del impacto sobre el desarrollo del sistema inmune, ya que tendrán más probabilidades de sufrir enfermedades autoinmunes de adultos. Uno de los pocos estudios realizados directamente sobre la aplicación a bebés de una técnica de adiestramiento lo publicó Middlemiss en el año 2012 y demostró algo que a mí me ha impresionado mucho: tras tres días de adiestramiento los bebés ya no lloraban cuando se les dejaba solos, pero los niveles de cortisol (la hormona del estrés) eran tan altos como el primer día (en el que sí lloraban). Por el contrario, en las madres sí se producía una disminución de cortisol al tercer día, comparado con el primero. O sea, las madres, al ver que el bebé ya no lloraba, ya no se estresaban. Pero el bebé, aunque ya no lloraba, seguía sufriendo.

Hay muchísima controversia entre este método y el que está en el extremo contrario que es dormir con los hijos en la misma cama (colechar) ¿Presenta riesgos dormir con los hijos? ¿Existen datos científicos que digan que, efectivamente, puede suceder la muerte súbita, por ejemplo?
El colecho actualmente sólo resulta controvertido en su relación con la muerte súbita del lactante y sólo durante los tres primeros meses de vida del bebé. Algunos investigadores consideran que por sí mismo es un factor de riesgo independiente en este tiempo, mientras que otros consideran que no hay evidencias que demuestren esta relación y que la práctica del colecho realizada en unas condiciones seguras no solo no es peligrosa sino que es protectora. Pero estoy hablando del colecho con los menores de tres meses. A partir de ese momento ya no hay controversia: el colecho es considerado absolutamente saludable y respetable.
  • ¿Cuándo empiezan, en general, a dormir bien los niños?
Siempre que al bebé sano se le permita dormir en las condiciones que él necesita y se encuentre bien,«dormirá bien». Esto significa que un bebé recién nacido en íntimo contacto con su madre y con continuo acceso a su pecho dormirá de maravilla porque en sus múltiples microdespertares no necesitará desvelarse del todo para tener acceso a su alimento y sentirse protegido y feliz. Un bebé de 6 meses en las mismas condiciones posiblemente también dormirá de maravilla, aunque se despierte de vez en cuando un poquito y coma un par o tres de veces por la noche, que es lo normal a esta edad.
Un niño de dos años colechando con su madre también dormirá de maravilla y, dado su momento del desarrollo, posiblemente la mayoría de las noches dormirá de «un tirón», o sea, que no nos despertará en toda la noche. Si lo que me pregunta es cuándo dormirá bien en las condiciones que nosotros exigimos, pues dependerá de estas condiciones. Si exigimos que duerma bien colechando con nosotros, es posible que duerma bien desde el primer día. Si exigimos que duerma bien solo, en su habitación, sin molestarnos, es posible que lo haga ya a los dos años, pero también es posible que no lo haga hasta los 4 o 5 años o tal vez más tarde. Dependerá de muchos factores. Aplicando el método Estivill posiblemente lo conseguiremos mucho antes pero ¿A qué precio? Es nuestra responsabilidad saber hasta qué punto podemos exigir o no a nuestro hijo para no superar su capacidad natural de adaptarse a esta exigencia cultural. Lo que el pediatra Oskar Jenni llama respetar su «bondad de ajuste». Y es evidente que obligar a nuestro hijo a dejar de reclamarnos a base de no atenderle tal y como él necesita no es respetar su bondad de ajuste personal. 

Fuente: http://www.abc.es/familia-padres-hijos/20140125/abci-dormir-nino-llorar-201401231317.html#.VFpruS3NHoc.facebook

13 de diciembre de 2013

Lactancia Materna

Si apareciera una nueva vacuna que pueda prevenir millones de muertes infantiles cada año, que fuera barata, segura, administrable por vía oral, y no requiera cadena de frío, pasaría a ser una exigencia en salud pública” (The Lancet 1994)

 

Todos los Recién nacidos tienen derecho a recibir leche de su madre y todas las madres
que lo deseen a recibir soporte para sus lactancias. Esta es la indicación de alimentación
tras el nacimiento.
Tras el parto la madre produce el alimento óptimo para el recién nacido que cubre todas sus necesidades nutritivas, se aporta a demanda y se regula al volumen adecuado para su crecimiento sin sobrecarga para el aparato digestivo ni de otros sistemas aún inmaduros.
La leche materna, suple y estimula el desarrollo del sistema inmune del recién nacido que no funciona de forma completa durante los primeros meses de vida. La forma de crecimiento, parámetros biológicos, grado de salud y desarrollo afectivo han de ser los patrones a alcanzar si se usan sustitutos.
Sus componentes, junto con el intercambio de estímulos físicos y afectivos entre madre e hijo, logran el máximo potencial de desarrollo.
Los niños alimentados con lactancia materna logran puntuaciones superiores en algunos ítems en las escalas de desarrollo psicomotor que los alimentados con formulas de inicio.
Un 75 a 90% de las madres en España, inician sus lactancias en el hospital. Múltiples factores sociales, educacionales, laborales, rutinas hospitalarias, el marketin comercial y en especial la pérdida de cultura de la lactancia entre familiares y amigos, junto con la falta de apoyo práctico de los profesionales a los que las madres piden asesoramiento, hacen que muchas madres que intentan lactar no logren sus objetivos, cerrándose un circulo de desconfianza en su capacidad de lactar.
Un 98% de madres pueden amamantar por periodos largos de tiempo, de ellas, un 20-30% precisan asistencia para superar algunos problemas que surgen durante la lactancia.


Las recomendaciones actuales según la OMS para la alimentación del recién nacido son: 
Lactancia materna exclusiva los 6 primeros meses. Introducir después de forma progresiva todos los alimentos, manteniendo la lactancia el máximo tiempo posible.. En el segundo semestre, la LM puede aportar el 50% del aporte nutricional y hasta el 30-20% en el 2º año.

Beneficios Maternos:
Económico, ecológico.
Leche lista al instante. Biodisponibilidad.
Ayuda a perder peso.
Reduce el riesgo de cáncer de mama.
Ayuda al útero a contraerse, por lo que el sangrado es menor.

Beneficios para el Recién Nacido:
La inmunidad pasa de madre a hijo. Hay menos riesgo de infecciones.
Disminuye el riesgo de alergia, asma, obesidad, diabetes y muerte súbita del lactante.
Es la fórmula exacta, que permite una mejor digestión y en la temperatura idónea.
Ayuda a fomentar el vínculo maternal.

¿Cuándo comenzamos?
Es recomendable un inicio precoz, en la primera hora de vida del neonato. Tras el parto el recién nacido sufre un período de sueño profundo, por lo que debemos aprovechar el momento de alerta tras el parto que es cuando succiona con mayor efectividad.

¿Cuántos tipos de leche existen?
CALOSTRO
Dura los 3-4 primeros días. Tiene un color amarillo espeso, lo que produce una salida lenta del pezón.
Es protector, y estimula el sistema inmunitario del lactante.
Posee una alta concentración en proteínas y es muy rico en sales y minerales.
¡¡¡El calostro también es leche!!!

LECHE DE TRANSICIÓN. 
Comienza a partir del cuarto día. Notarás los pechos más firmes, es la llamada “subida”.
Dura entorno a 10-14 días y es una leche más abundante que el calostro, muy parecida a la semidesnatada.
Posee menos sales y minerales, pero más glúcidos y lípidos.

LECHE MADURA.
Desde la 3ª – 4ª semana hasta el destete nos encontramos con esta leche.
Tiene una composición más estable, y el 85% de su composición es agua.

¿Cuándo ofrezco el pecho?
La succión precoz y frecuente 10-12 tomas al día, acelera la secreción, facilita el vaciado
y evita la congestión de los primeros días.
La succión nocturna produce altos picos de prolactina, lo que nos va a ayudar a producir más.
Ponerlo al pecho cuando el recién nacido dé señales de hambre, sin establecer horarios rígidos. La regla básica para una buena lactancia es: A DEMANDA Y SIN RELOJ.
Cada niño tiene su ritmo para tomar. La madre lo aprende pronto.
Los líquidos adicionales y las tetinas no son necesarios y alteran la succión y el apetito.

¿Cómo sé que tiene hambre? 


Las señales son:
Llevarse las manos a la boca.
Mover la cabeza de un lado a otro.
Abrir la boca.
Mostrar el reflejo de búsqueda del pecho.
Fruncir los labios como si fuera a succionar.
Estirarse.



El agarre al pecho:
La boca del bebé debe estar bien abierta, y su nariz a la altura del pezón.
Debemos coger el pecho con los dedos en forma de C y no como unas pinzas V.
Introducimos el pezón y parte de la areola, quedando sus labios hacia fuera.
Mientras mama, observamos el movimiento y recolocamos las veces que sean necesarias.



Dejar que el primer pecho se vacíe al máximo, al final la leche contiene más grasa y sacia
más al niño y produce menos cólicos. Poner al otro pecho después si quiere más. Alternar
en la otra toma.
Si hay exceso de leche, la extracción manual o con sacaleches alivia y puede guardarse.


Para estimular la salida de la leche, debemos evitar que el pecho esté muy lleno, ya que eso dificulta el agarre. Evitamos que esto ocurra cuando ofrecemos con frecuencia y no espaciamos mucho las tomas.
Es recomendable masajear el pecho antes de la puesta o utilizar baños o paños de agua caliente que facilitan la salida, si llegamos a encontrarnos con esta situación.


Posiciones.
A la hora de ponernos a amamantar debemos tener en cuenta algunos aspectos:
Mantenernos con la espalda recta, para evitar molestias y buscar una postura cómoda tanto para la madre como para el bebé.
Colocamos barriga con barriga.
Acercamos al lactante sin forzar.
Y sobre todo no abrigarlo demasiado, ya que puede irritarlo.



Cuidados del pecho.
Con la higiene materna diaria es suficiente, no necesitamos cuidados especiales.
No debemos olvidar el lavado de manos antes y después de las tomas.
Muy importante secar bien el pecho tras la toma. En caso de irritación, podemos proteger el pezón con la propia leche, que ayuda a la cicatrización.
Con estas pautas sencillas, evitamos complicaciones posteriores como ingurgitación, grietas o mastitis.

Si produzco mucha leche y quiero conservarla ¿qué puedo hacer?
Para ello debemos utilizar recipientes de plástico duro o cristal, que tengan la boca ancha.
No es necesario esterilizarlos, pero no podemos olvidar anotar la FECHA DE EXTRACCIÓN en el frasco.

La leche puede conservarse

A Tª ambiente de 25 ºC
8 horas
En el frigorífico a 4ºC
48 horas
En el congelador incluido dentro del frigorífico
2 semanas
En congelador con puerta separada del frigorífico
3 meses
Congelador a -18/-20 ºC
6 a 12 meses

¿Cómo calentarla?
Si la leche ha sido congelada y descongelada, se puede refrigerar hasta 24 horas para usarse después. No debe volver a congelarse.
Se descongela y calienta bajo el chorro de agua tibia o al “baño María”, nunca dejamos que llegue a hervir.
Comprobamos la temperatura agitándola.
Nunca debemos usar el microondas para calentarla, ya que conseguimos que pierda la mayoría de sus propiedades.

¿Cómo podemos dársela...?
La leche descongelada podemos mezclarla si proceden de dos recipientes distintos.
Siempre que no haya estado en contacto con la saliva del bebé puede mantenerse 24 horas.
Para la toma, debemos utilizar otro recipiente distinto al de congelación:
Cuchara, biberón, vasito...









10 de diciembre de 2013

Los bebés aprenden a moverse solos

Es muy común que ayudemos a nuestros pequeños a moverse y que les enseñemos a sentarse y a caminar. Pero ¿es beneficioso para ellos? Después de años de estudios, la especialista Emmi Pikler concluyó que el desarrollo motor surge de manera espontánea y que las enseñanzas de los grandes pueden no ser lo mejor para los chicos.

No es poco común que, cuando nace un niño, sus padres, aunque disfrutemos plenamente de cada etapa, imaginemos con ilusión el próximo paso del bebé: cuando sostenga la cabeza, cuando se siente, cuando camine… Y también es muy corriente que “ayudemos” a nuestro hijo a hacer movimientos que, por su edad, todavía no puede realizar. Así, por ejemplo, los sentamos protegidos y hasta sostenidos por almohadones para que no puedan caerse, porque todavía no pueden mantenerse erguidos. O, con pocos meses de vida, los ponemos de pie pensando que ellos lo piden, malinterpretando una necesidad del niño de ser llevado en posición vertical para observar el mundo desde esa perspectiva. Pero puede ser que –como observó la pediatra Emmi Pikler en el hogar para niños que dirigió en Budapest– esta intervención no sea necesaria, y que por el contrario sea perjudicial.

Emmi Pikler (1902-1984) fue una importante pediatra húngara que dirigió el Instituto metodológico de educación y cuidados de la primera infancia de Budapest (conocido como Instituto Lóczy, hoy llamado Instituto Pikler), fundado para bebés que necesitaban cuidados prolongados lejos de sus familias. Creó un sistema educativo basado en el respeto al niño, en el que el adulto adopta una actitud no intervencionista que favorece el desarrollo.


Pikler estaba convencida de que el desarrollo motor es espontáneo; y aseguraba que, si se les proporcionan ciertas condiciones, los niños alcanzan por sí mismos un desarrollo motor adecuado. El adulto no “enseña” movimientos ni ayuda a realizarlos, y los niños se mueven y se desarrollan por su propia iniciativa. Por otro lado, no se le impide al niño la realización de ningún movimiento, por lo que en este sentido es completamente libre: si un niño que camina quiere reptar y rodar, no hay nada de malo en eso.

¿Pero no es bueno que los adultos “ayudemos” a nuestros niños y les “enseñemos” a realizar los movimientos? A esta pregunta Emmi Pikler respondía que “ayudar” a los niños cuando ellos no están listos para realizar ciertos movimientos por sí mismos es perjudicial. Y explicaba que muchas veces el adulto actúa motivado por la costumbre: estamos habituados a hacerlo, y eso nos resulta habitual. Pero que exista el hábito no significa que sea beneficioso.

En su libro Moverse en libertad, la pediatra observa varios inconvenientes de esta ayuda modificadora del adulto:


Además, con intervención del adulto, el niño pierde etapas intermedias de su desarrollo motor, como el reptar (muchas veces cuando un niño que está sentado decide deslizarse para reptar, sus cuidadores lo levantan y vuelven a sentarlo, inhibiendo su voluntad y ejerciendo una prohibición sobre el movimiento) o el gatear, etapas que son necesarias antes de adoptar posturas nuevas y de conquistar destrezas más avanzadas.

Para permitirles libertad de movimiento a los niños, dice Emmi Pikler, es importante que ellos tengan espacio suficiente para moverse y ropa que les permita mover sus miembros cómodamente. El espacio para los niños debe además ser seguro y estar adaptado a ellos. Y si bien el adulto está siempre junto al niño y lo incentiva a desarrollarse, no debería ofrecerle su ayuda en lo que a movimientos respecta: no se lo sienta, no se lo pone de pie, no se le ofrece un dedo para que pueda sostenerse ni se lo “tienta” con juguetes para que avance. La autora aclara que la no intervención del adulto no se debe a una falta de interés en el niño; por el contrario, los adultos festejan con regocijo el adelanto del niño, como lo harían si ellos hubieran intervenido en el desarrollo de manera activa. Por último, el adulto debe mantener con el niño una relación paciente y respetuosa.

Es probable que si estamos acostumbrados a ayudar a nuestros hijos en sus movimientos, nos resulte difícil no precipitarnos a intervenir en su desarrollo motor: uno, como padre, quiere lo mejor para sus bebés; y que aprendan a moverse rápidamente y sin contratiempos puede parecernos parte de ese “darle lo mejor”. Pero informarnos sobre distintas corrientes y estudios referentes a su desarrollo, y considerar darles una oportunidad, puede ser beneficioso para ellos y, como consecuencia, también para nosotros.
  • Primero, al poner al niño en una postura que no podría adoptar por sí mismo lo obligamos a estar inmóvil: el niño no puede salir de esa posición. Si, por ejemplo, echamos boca abajo a un bebé pequeño, en contraposición con dejarlo boca arriba, donde puede moverse, tomar sus pies, mirar para los costados, estamos frenando su capacidad de movimiento.
  • En segundo lugar, las posiciones en las que ponemos a los niños no son normales para él o ella; como consecuencia, la postura de los músculos no es natural, es forzada, y los músculos quedan tensos o con malas posiciones.
  • Por último, el niño que hemos puesto en una posición a la que no puede llegar solo queda condenado a depender del adulto para cambiar de postura. Estaremos fomentando su dependencia del adulto y frenando su desarrollo autónomo.

9 de diciembre de 2013

No obligarlos a dar Besos

Especialista explica por qué no se debe obligar a los niños a dar besos y abrazos.



“¡Déle un besito a la tía, no sea pesadito!”. ¿Cuántas veces has escuchado o incluso dicho esta frase a un niño que se niega a entrar en contacto físico con otra persona? Pese a que la mayoría de los adultos que alguna vez dijeron estas palabras sólo querían ser cordiales, es probable que no tengan conciencia de la importancia de respetar los espacios y conductas de los pequeños, incluso en situaciones como la descrita.
BioBioChile conversó con la madre, psicóloga y autora del libro para niños “Mi cuerpo es un regalo”, Vinka Jackson, sobre el respeto a las decisiones de los menores en esta materia, y la importancia de criarlos sin miedo a negarse cuando una situación no les parece cómoda.
¿Por qué no es recomendable insistir u obligar a los niños a dar muestras de cariño a otras personas cuando manifiestan expresamente que no quieren?
“Para los niños es fundamental aprender sobre sus preferencias y sus límites, y esto no sólo es para el cuidado y autocuidado durante la niñez, sino que es la base para todo el ejercicio del consentimiento y la libertad en años de la juventud y adultez”, explicó Jackson.
A ello, agregó que el proceso de aprendizaje sobre cómo vincularse con los demás, no es muy distinto a aprender a caminar o a leer. Por lo tanto, los niños tienen derecho a que sus ritmos sean respetados y a saber que pueden expresarse, elegir de qué forma prefieren vincularse con los adultos y también con otros niños.
¿Deben los niños decidir cómo relacionarse y expresar su afecto o cordialidad al resto de las personas?
“Sí. A nosotros los grandes, nadie podría o debería obligarnos a besar o abrazar a alguien si no queremos. El mismo respeto merecen los niños”, enfatizó la psicóloga.
Jackson explicó que el rol de los adultos es cuidar y alentar a que ellos vayan encontrando su “medida justa” o su estilo, en cómo se vinculan, con quiénes, y cuándo. Por lo tanto, los padres pueden proponerles un abanico de posibilidades, por ejemplo, sólo decir hola con la manito o a dar abrazos cuando así lo sientan.
Por lo mismo, es fundamental respetar su decisión preguntándoles previamente “¿Cómo quieres saludar al abuelo?” o “¿Me quieres dar un abrazo ahora o mejor después?”, por ejemplo. Jackson identificó estas frases como un “tremendo regalo” que se les hace a su desarrollo y a la relación soberana con sus cuerpos. Esto último siempre en dos tiempos: centrados en su presente, y también pensando en su bienestar futuro.
Cuando los padres insisten en que sus hijos muestren afecto a terceros sin su consentimiento, ¿están propiciando instancias de abusos posteriores?
Ante esta interrogante, la autora de “Mi cuerpo es un regalo” insistió en que los padres que alguna vez han tenido estas conductas no deben desesperarse, sino reflexionar acerca de cómo respetan el derecho a decidir – en este aspecto- de los más pequeños.
La especialista añadió que “no es recomendable en lo absoluto, que los grandes entreguemos el mensaje de que podemos obligar o forzar la relación física de los niños”, no porque se propicie el abuso, sino porque se abre un flanco donde el niño puede asimilar que no tiene derechos, que tiene que someterse, que no puede elegir, que su cuerpo no es suyo y que debe hacer lo que los adultos ordenen sin posibilidad de cuestionarlo.
Jackson también enfatizó que a los niños se les debe criar desde el cariño y respeto a sus cuerpos, permitiéndoles explorar sus límites y preferencias, por ejemplo, en cómo se expresan físicamente. Deben saber que tienen derecho a decir “no”, a preguntar, a expresar su bienestar o malestar. Esto último es una gran protección y algo que ayudará a su autoestima y confianza hasta adultos.
4. ¿Qué cuidados deben tener los padres con niños que son muy efusivos y afectuosos con facilidad frente a desconocidos?
La psicóloga precisó que los niños son todos distintos y únicos. Es decir, algunos serán más expresivos físicamente, otros en lo verbal, otros más reservados. En este contexto, la profesional propone una recomendación que aplica para cada niño considerado como único y tomando en cuenta las diferencias en la crianza de cada familia.
Ésta consiste en darles espacio y respetar su derecho -de la misma forma que valoramos que se respete el de los adultos- de ser cuidados, de poder expresar sus sensaciones de bienestar, afecto, comodidad (o sus contrarios) y junto a los mayores, ir aprendiendo también de autorespeto y autocuidado.
Es vital conversarles sobre sus derechos, y especialmente sobre el derecho a ir eligiendo su forma de vincularse con los demás, y usar cada oportunidad para practicar pequeñas elecciones. Es importante también pedir también al entorno compuesto por la familia, educadores y conocidos que participen de esas dinámicas.
La escritora también sugiere “que nos acostumbremos todos los grandes a preguntar a los niños ¿cómo prefieres saludar?, ¿puedo darte un abrazo?, ¿quieres que conversemos ahora o después?, y validar tanto los ‘sí’ como los ‘no’. Esto en el contexto del respeto mutuo, entre grandes a chicos, y viceversa. El respeto jamás será equivalente a sometimiento. Al contrario, es un suelo que permite apreciar la dignidad de cada quien, chiquito o grande, sentirse valorado, y construir otra convivencia, basada en el cuidado, en la empatía”. 

Fuente: http://www.biobiochile.cl/2013/11/30/especialista-explica-por-que-no-se-debe-obligar-a-los-ninos-a-dar-besos-y-abrazos.shtml


Ante la rabieta de los hijos...


Educar es una de las tareas más difíciles a las que se enfrentan los padres. Y, aunque no existen fórmulas mágicas, sí hay algunas cuestiones clave que tenemos que manejar con soltura. Nunca es pronto para comenzar a educarle. Estas son las reglas básicas para conseguir que tu hijo crezca feliz.

1-AMAR NO ES CONSENTÍRSELO TODO. 2-AMAR NO ES DÁRSELO TODO SIN EXIGIRLE NADA. 3-AMAR ES INTERVENIR CUANDO LA SITUACIÓN LO EXIGE. 4-AMAR ES SANCIONAR EN EL MOMENTO OPORTUNO. 5-AMAR ES SER PADRES, NO AMIGOS.

Ante las rabietas…mucha serenidad y comprensión.

Son las ocho de la mañana, a las 8 y cuarto como tarde tienes que salir de casa para llevar a tu hijo de 3 años al colegio y, a continuación, estar clavada en una reunión a las 9 con unos clientes. Pero, de repente, todo se tuerce por una rabieta. El niño no se quiere vestir, no atiende a razones, llora y tú no sabes qué hacer. Y lo peor, terminas gritándole con lo que el cuadro empeora todavía más.
Son muchos los motivos por los que los niños entre los 2 y los 4 años tienen rabietas, es su manera de expresar su disconformidad. Hay muchas maneras de tratarlas aunque no todas son las más respetuosas con el niño. Ramón Soler, psicólogo y director de la revista online mente libre y uno de los expertos colaboradores de la Pedagogía Blanca está acostumbrado a tratar en consulta estos temas.
¿Por qué casi todos los niños tienen rabietas entre los dos y los cuatro años?
Alrededor de los 2-3 años de edad, los seres humanos dejamos nuestra etapa de bebés, pasamos a ser niños y comenzamos a ser más autónomos y conscientes de nuestra individualidad (aunque por años aún dependeremos para nuestra supervivencia de la ayuda y apoyo de nuestros mayores). A esta edad, ya podemos caminar, comer con nuestras propias manos y comunicarnos, de forma rudimentaria, con las personas que nos rodean. En estos momentos, los niños comprenden que tienen sus propios deseos y necesidades, diferentes a los de sus padres, comienzan a expresar sus opiniones, a comunicar lo que les gusta o lo que no, lo que quieren o no quieren hacer, y esto, en muchas ocasiones, al no coincidir con los propósitos de los padres, acaba convirtiéndose en fuente de enfrentamientos y tensiones.
Algunos expertos recomiendan ignorar al niño cuando tiene esa rabieta. ¿Eso es bueno?
Este proceder, centrado en el adulto, además de no prestar atención a las verdaderas necesidades de los pequeños, les ocasiona frustración, rabia contenida y una profunda sensación de incomprensión y de abandono.
¿Cómo actuar, entonces?
Para tratar de comprender lo que realmente les sucede a nuestros hijos cuando sufren una de estas explosiones de enfado debemos bajar de nuestro pedestal de adultos y ponernos en su lugar. Tenemos que entenderlas como frustraciones que los niños no saben expresar debido a su inmadurez y su aún escasa experiencia en este mundo. De hecho, la propia palabra “rabieta” posee una connotación negativa que nos hace ver al niño como caprichoso y manipulador, cuando lo que en realidad le está sucediendo es que no se siente cómodo o está enfadado con algo y aún no tiene las herramientas suficientes para poder comunicarlo.
También se escucha mucho: «lo hacen para llamar la atención».
Nuestro hijo no es un enemigo que nos quiera fastidiar, ni es alguien contra quien tengamos que estar en constante lucha. Los niños no se oponen al adulto por el placer de llevarles la contraria, simplemente, desde su autonomía recién adquirida, están expresando sus necesidades, sentimientos y deseos, que pueden o no, coincidir con los nuestros. El comprender que nuestro hijo piensa por sí mismo, sabe lo que quiere y lo demuestra de la mejor forma que puede, nos será de gran ayuda a la hora de abordar los conflictos del día a día.
¿Resolver estos «conflictos» resuelve muchas situaciones futuras?
Para que nuestros hijos se conviertan en adultos equilibrados que sepan comunicar sus necesidades y defenderse de las injusticias deberán sentirse acompañados y respetados de pequeños cuando expresen sus opiniones y sus deseos, aunque sean diferentes a los nuestros. Como padres, tenemos la responsabilidad de ofrecerles las herramientas necesarias para manejarse de manera equilibrada cuando sean adultos y, para conseguirlo, no debemos ignorarles y forzarles a comportarse como nosotros decidamos, sino acompañarles, escucharles y ofrecerles alternativas cuando no les sea, o nos sea, posible cumplir con sus expectativas.

rabietaPautas de actuación

 Anticiparnos para poder evitar situaciones conflictivas.
Todos sabemos que hay lugares más comprometidos que otros (la cola del supermercado, el quiosco de la esquina, etc.). Como adultos, podemos prever estas situaciones y tratar de evitarlas. Si mamá sale con el niño del súper mientras papá paga y recoge la compra (o viceversa) o si evitamos pasar delante de la juguetería, estaremos ahorrándonos disgustos innecesarios.
Detectar las señales previas.
Un niño no pasa de cero a cien en un segundo. Antes de que se desencadene el conflicto hay unas señales que nos pueden indicar que nuestro hijo no está de acuerdo con algo y se está enfadando. Si les prestamos atención, seguro que detectamos un pequeño gesto de desagrado o un «no me gusta».
Entender sus deseos. Ponernos en su lugar.
Debemos tener muy presente que la forma de comprender la realidad de los niños es muy diferente a la de los adultos. Donde nosotros vemos una habitación desordenada, ellos ven su propio orden, su propia disposición de las cosas.
Flexibilidad ¿de verdad no puede ser?
Muy relacionado con el punto anterior. Los padres tenemos que distinguir las cosas que son realmente importantes de las que son más secundarias. Muchas veces, les llenamos la vida de normas y límites que no tienen verdadero sentido práctico y que es fuente de frustración para los pequeños.
Los niños deben tener y entender unas mínimas normas de seguridad (los cuchillos cortan), convivencia (si grito por la noche, puedo molestar a otros) y respeto a los demás (si le pego a otro, le duele), pero más allá de estos límites mínimos, los niños necesitan margen para experimentar, disfrutar y expandir sus mentes.
Favorecer la comunicación. Verbalizar lo que le pasa.
Uno de los ámbitos en el que tenemos que incidir para minimizar las explosiones de enfado de los niños es en la comunicación. Desde muy pequeñitos, podemos potenciar cualquier manera de comunicación (gestos, palabras sencillas). Si nuestro hijo es capaz de expresar cosas como«no me gusta» o «me estoy enfadando», cuando llegue a los 2-3 años, nos será mucho más fácil comprender lo que quiere y poder hablar con él cuando no sea posible concedérselo. Cuanto mejor pueda explicar tu hijo lo que le pasa o lo que le enfada, más fácilmente podréis buscar una solución que satisfaga a todos.
Háblale con calma, con un tono sereno, explícale los motivos por los que no puede hacer lo que quiere en ese momento: «sé que quieres seguir montando en bicicleta, pero se ha hecho de noche, mamá está muy cansada y tenemos que ir a casa». Además, de esta forma, él se sentirá respetado y aprenderá a tratar con respeto a las demás personas.
Ofrecer alternativas si no puede ser.
Hay momentos en los que no podemos complacer a nuestros hijos, no por crearles frustración a propósito, sino porque la vida tiene sus propias limitaciones y no siempre podemos hacer lo que queremos.
Siempre hay que tener un «plan B». Debemos tener en mente una relación de las actividades y los juegos favoritos de nuestros hijos para poder ofrecerles una alternativa cuando no podamos darle lo que pide. Correr, dar volteretas, cosquillas, etc. En general, cualquier actividad que implique jugar con papá o mamá es mano de santo. Cualquier niño prefiere jugar con sus papás antes que una chuchería.
El cansancio es un gran enemigo.
Cuando estamos cansados somos más irascibles; nos pasa a los adultos y, también a los pequeños de la casa. Desde el punto de vista de un niño, existen situaciones muy aburridas o cansadas (comprar en el supermercado o un viaje en coche). Si unimos cansancio y aburrimiento, el conflicto puede surgir en cualquier momento. Nosotros somos los que mejor conocemos a nuestros hijos y tenemos que saber reconocer cuándo están cansados y cuándo es momento de retirarse a descansar.
Los adultos también tenemos momentos de agotamiento en los que nos es más difícil dialogar y estar calmados con nuestros hijos. No temas pedir ayuda, túrnate con tu pareja, busca apoyo en familiares o amigos para no llegar a situaciones de cansancio extremo.
Calma, respira. Recuerda que tú eres el adulto.
Hay situaciones muy complicadas que nos pueden llevar al límite de nuestro aguante. En esos momentos, debemos hacer una pausa, respirar profundo varias veces y, si te es posible, pedir un pequeño relevo para recuperar la calma. En caso de conflicto, si nosotros también nos tensamos, entraremos en una espiral de muy difícil solución.
Recuerda, siempre: debes tener presente que tú eres el adulto y el modelo principal para tus hijos. Tu manera de manejar estas situaciones sentará las bases de la forma cómo ellos resolverán sus conflictos cuando sean adultos. Si han sido tratados con respeto, ellos crecerán más equilibrados, sabrán defenderse y expresar sus opiniones.

6 de diciembre de 2013

Cólico del Lactante


Uno de los problemas más comunes de los bebés durante sus primeros meses son los cólicos, los cuales le causan dolor y lo comunican a través del llanto. Sin embargo, la tarea de identificar la causa del llanto puede ser complicada, especialmente si se trata del primer bebé.
¿Qué es el cólico del lactante?
El cólico del lactante es una condición característica de los primeros meses de vida del bebé y se caracteriza por espasmos de los intestinos que le causan dolor al bebé, razón por la cual llora repentinamente y su llanto puede prolongarse por varias horas.
¿Es común?
Los especialistas afirman que alrededor del 40% de los bebés padecen de cólico del lactante durante la tercera y sexta semana de vida, lo cual se repite de manera constante hasta el tercer mes de vida, aproximadamente.
¿Por qué ocurre?
Los estudios realizados no han podido determinar la causa exacta del cólico del lactante. Hasta el momento, los especialistas lo asocian a una posible alergia a la proteína de la leche, a los niveles hormonales y a la ingesta de gases en el momento de la alimentación. No obstante, el cólico del lactante es un problema pasajero y no deja secuelas a corto ni a largo plazo.
¿Cómo saber si el bebé tiene cólico del lactante?
Los signos para identificar los cólicos en el bebé son:
  • El bebé empieza a llorar repentinamente sin ninguna razón aparente
  • El llanto se extiende por varias horas y la situación se repite por varios días consecutivos.
  • Mientras llora, el bebé encoge y estira las piernas repetidamente.
  • El dolor aumenta progresivamente hasta llegar a un punto máximo y desaparece de manera repentina.
  • Al poner su mano sobre la barriga del bebé podrá notar que está dura.
  • Puede notar que el bebé ha expulsado muchos gases.
Para diagnosticar un cólico del lactante existe lo que se conoce como la regla de 'los 3 de Wessel' en honor al profesor de pediatría estadounidense que describió por primera vez el fenómeno. Se considera que se da un cólico del lactante si el llanto:
  • Aparece antes del tercer mes de vida (generalmente no antes de los primeros 15 días)
  • Dura tres o más horas al día (normalmente el inicio es a última hora de la tarde, aunque no siempre es así)
  • Se prolonga durante tres o más días a la semana.
¿Cómo prevenir o disminuir el cólico del lactante?
Lo más recomendable es evitar que el niño ingiera aire cuando se está alimentando. Si se le está amamantando, la madre deberá verificar que la boca del bebé esté cubriendo todo el pezón y deberá separarlo en cuanto note que el pecho está vacío.
Si el bebé es alimentado con biberón, hay que colocarlo en posición vertical y evitar que ingiera aire. Lo ideal es buscar un biberón que tenga la forma adecuada y que evite que se acumule mucho aire encima de la leche.
Debido a los gases y estiramientos bruscos que a menudo acompañan a los cólicos, tradicionalmente se ha asociado el problema a molestias intestinales, aunque lo cierto es que no se conoce a ciencia cierta cuáles son las causas que lo desencadenan y si al bebé realmente le duele la barriga.
"La mayoría de expertos piensa que puede estar causado por estrés o cansancio del lactante en un momento de inmadurez neurológica y fisiológica".
El llanto es la respuesta del bebé a todas las circunstancias que alteran su fisiología. Llora por hambre, por sueño, cuando necesita consuelo. Y probablemente también llora por inmadurez.
Lo último que se está considerando es que se trata, ni más ni menos, de una etapa normal del desarrollo de los lactantes; de ahí la inefectividad de medidas como preparar infusiones calmantes o realizar cambios en la leche.
Es importante aclarar que no se trata de una enfermedad. Una buena forma de saber que no hay que buscar otros diagnósticos es comprobar que el resto del día el niño está contento, come bien y gana peso de forma correcta.

Se pueden utilizar algunos 'trucos' que, a veces, funcionan.

Lo primero es estar mentalizado, comprender que los niños lloran porque es su única forma de expresar sus necesidades y recordar varias veces que al bebé no le ocurre nada grave. Eso elimina mucha angustia.

También puede funcionar un cambio de aires a tiempo. En ocasiones, los cólicos ceden de modo brusco con los cambios de escenario, como salir de casa a la calle o que el bebé sienta el traqueteo del motor del coche.

También puede ser útil anticiparse un poco al cólico y coger al bebé en cuanto empiezan los primeros signos del fenómeno. Hay que cogerlos en brazos, no esperar a que se calmen. Hay que cogerlos cuando lloran, apretarlos suavemente contra el pecho, ver si tienen hambre, ver si necesitan que se les cambie el pañal o si simplemente necesitan que se les hable despacito o que se les acune.
Cogerlos con frecuencia no los malcría, eso es una verdadera tontería. A los bebés les viene muy bien, y los adultos también se benefician del contacto con un bebé, porque transmiten mucha ternura y confianza.

En los momentos en que los padres hayan alcanzado un punto alto de desesperación, también puede ser buena idea pedir ayuda. Un llanto constante puede poner muy nervioso. Y los nervios de alguna manera se transmiten al bebé. Dejar que otros, como abuelos u otros familiares, compartan ese momento no significa que seamos peores padres.