9 de diciembre de 2013

Ante la rabieta de los hijos...


Educar es una de las tareas más difíciles a las que se enfrentan los padres. Y, aunque no existen fórmulas mágicas, sí hay algunas cuestiones clave que tenemos que manejar con soltura. Nunca es pronto para comenzar a educarle. Estas son las reglas básicas para conseguir que tu hijo crezca feliz.

1-AMAR NO ES CONSENTÍRSELO TODO. 2-AMAR NO ES DÁRSELO TODO SIN EXIGIRLE NADA. 3-AMAR ES INTERVENIR CUANDO LA SITUACIÓN LO EXIGE. 4-AMAR ES SANCIONAR EN EL MOMENTO OPORTUNO. 5-AMAR ES SER PADRES, NO AMIGOS.

Ante las rabietas…mucha serenidad y comprensión.

Son las ocho de la mañana, a las 8 y cuarto como tarde tienes que salir de casa para llevar a tu hijo de 3 años al colegio y, a continuación, estar clavada en una reunión a las 9 con unos clientes. Pero, de repente, todo se tuerce por una rabieta. El niño no se quiere vestir, no atiende a razones, llora y tú no sabes qué hacer. Y lo peor, terminas gritándole con lo que el cuadro empeora todavía más.
Son muchos los motivos por los que los niños entre los 2 y los 4 años tienen rabietas, es su manera de expresar su disconformidad. Hay muchas maneras de tratarlas aunque no todas son las más respetuosas con el niño. Ramón Soler, psicólogo y director de la revista online mente libre y uno de los expertos colaboradores de la Pedagogía Blanca está acostumbrado a tratar en consulta estos temas.
¿Por qué casi todos los niños tienen rabietas entre los dos y los cuatro años?
Alrededor de los 2-3 años de edad, los seres humanos dejamos nuestra etapa de bebés, pasamos a ser niños y comenzamos a ser más autónomos y conscientes de nuestra individualidad (aunque por años aún dependeremos para nuestra supervivencia de la ayuda y apoyo de nuestros mayores). A esta edad, ya podemos caminar, comer con nuestras propias manos y comunicarnos, de forma rudimentaria, con las personas que nos rodean. En estos momentos, los niños comprenden que tienen sus propios deseos y necesidades, diferentes a los de sus padres, comienzan a expresar sus opiniones, a comunicar lo que les gusta o lo que no, lo que quieren o no quieren hacer, y esto, en muchas ocasiones, al no coincidir con los propósitos de los padres, acaba convirtiéndose en fuente de enfrentamientos y tensiones.
Algunos expertos recomiendan ignorar al niño cuando tiene esa rabieta. ¿Eso es bueno?
Este proceder, centrado en el adulto, además de no prestar atención a las verdaderas necesidades de los pequeños, les ocasiona frustración, rabia contenida y una profunda sensación de incomprensión y de abandono.
¿Cómo actuar, entonces?
Para tratar de comprender lo que realmente les sucede a nuestros hijos cuando sufren una de estas explosiones de enfado debemos bajar de nuestro pedestal de adultos y ponernos en su lugar. Tenemos que entenderlas como frustraciones que los niños no saben expresar debido a su inmadurez y su aún escasa experiencia en este mundo. De hecho, la propia palabra “rabieta” posee una connotación negativa que nos hace ver al niño como caprichoso y manipulador, cuando lo que en realidad le está sucediendo es que no se siente cómodo o está enfadado con algo y aún no tiene las herramientas suficientes para poder comunicarlo.
También se escucha mucho: «lo hacen para llamar la atención».
Nuestro hijo no es un enemigo que nos quiera fastidiar, ni es alguien contra quien tengamos que estar en constante lucha. Los niños no se oponen al adulto por el placer de llevarles la contraria, simplemente, desde su autonomía recién adquirida, están expresando sus necesidades, sentimientos y deseos, que pueden o no, coincidir con los nuestros. El comprender que nuestro hijo piensa por sí mismo, sabe lo que quiere y lo demuestra de la mejor forma que puede, nos será de gran ayuda a la hora de abordar los conflictos del día a día.
¿Resolver estos «conflictos» resuelve muchas situaciones futuras?
Para que nuestros hijos se conviertan en adultos equilibrados que sepan comunicar sus necesidades y defenderse de las injusticias deberán sentirse acompañados y respetados de pequeños cuando expresen sus opiniones y sus deseos, aunque sean diferentes a los nuestros. Como padres, tenemos la responsabilidad de ofrecerles las herramientas necesarias para manejarse de manera equilibrada cuando sean adultos y, para conseguirlo, no debemos ignorarles y forzarles a comportarse como nosotros decidamos, sino acompañarles, escucharles y ofrecerles alternativas cuando no les sea, o nos sea, posible cumplir con sus expectativas.

rabietaPautas de actuación

 Anticiparnos para poder evitar situaciones conflictivas.
Todos sabemos que hay lugares más comprometidos que otros (la cola del supermercado, el quiosco de la esquina, etc.). Como adultos, podemos prever estas situaciones y tratar de evitarlas. Si mamá sale con el niño del súper mientras papá paga y recoge la compra (o viceversa) o si evitamos pasar delante de la juguetería, estaremos ahorrándonos disgustos innecesarios.
Detectar las señales previas.
Un niño no pasa de cero a cien en un segundo. Antes de que se desencadene el conflicto hay unas señales que nos pueden indicar que nuestro hijo no está de acuerdo con algo y se está enfadando. Si les prestamos atención, seguro que detectamos un pequeño gesto de desagrado o un «no me gusta».
Entender sus deseos. Ponernos en su lugar.
Debemos tener muy presente que la forma de comprender la realidad de los niños es muy diferente a la de los adultos. Donde nosotros vemos una habitación desordenada, ellos ven su propio orden, su propia disposición de las cosas.
Flexibilidad ¿de verdad no puede ser?
Muy relacionado con el punto anterior. Los padres tenemos que distinguir las cosas que son realmente importantes de las que son más secundarias. Muchas veces, les llenamos la vida de normas y límites que no tienen verdadero sentido práctico y que es fuente de frustración para los pequeños.
Los niños deben tener y entender unas mínimas normas de seguridad (los cuchillos cortan), convivencia (si grito por la noche, puedo molestar a otros) y respeto a los demás (si le pego a otro, le duele), pero más allá de estos límites mínimos, los niños necesitan margen para experimentar, disfrutar y expandir sus mentes.
Favorecer la comunicación. Verbalizar lo que le pasa.
Uno de los ámbitos en el que tenemos que incidir para minimizar las explosiones de enfado de los niños es en la comunicación. Desde muy pequeñitos, podemos potenciar cualquier manera de comunicación (gestos, palabras sencillas). Si nuestro hijo es capaz de expresar cosas como«no me gusta» o «me estoy enfadando», cuando llegue a los 2-3 años, nos será mucho más fácil comprender lo que quiere y poder hablar con él cuando no sea posible concedérselo. Cuanto mejor pueda explicar tu hijo lo que le pasa o lo que le enfada, más fácilmente podréis buscar una solución que satisfaga a todos.
Háblale con calma, con un tono sereno, explícale los motivos por los que no puede hacer lo que quiere en ese momento: «sé que quieres seguir montando en bicicleta, pero se ha hecho de noche, mamá está muy cansada y tenemos que ir a casa». Además, de esta forma, él se sentirá respetado y aprenderá a tratar con respeto a las demás personas.
Ofrecer alternativas si no puede ser.
Hay momentos en los que no podemos complacer a nuestros hijos, no por crearles frustración a propósito, sino porque la vida tiene sus propias limitaciones y no siempre podemos hacer lo que queremos.
Siempre hay que tener un «plan B». Debemos tener en mente una relación de las actividades y los juegos favoritos de nuestros hijos para poder ofrecerles una alternativa cuando no podamos darle lo que pide. Correr, dar volteretas, cosquillas, etc. En general, cualquier actividad que implique jugar con papá o mamá es mano de santo. Cualquier niño prefiere jugar con sus papás antes que una chuchería.
El cansancio es un gran enemigo.
Cuando estamos cansados somos más irascibles; nos pasa a los adultos y, también a los pequeños de la casa. Desde el punto de vista de un niño, existen situaciones muy aburridas o cansadas (comprar en el supermercado o un viaje en coche). Si unimos cansancio y aburrimiento, el conflicto puede surgir en cualquier momento. Nosotros somos los que mejor conocemos a nuestros hijos y tenemos que saber reconocer cuándo están cansados y cuándo es momento de retirarse a descansar.
Los adultos también tenemos momentos de agotamiento en los que nos es más difícil dialogar y estar calmados con nuestros hijos. No temas pedir ayuda, túrnate con tu pareja, busca apoyo en familiares o amigos para no llegar a situaciones de cansancio extremo.
Calma, respira. Recuerda que tú eres el adulto.
Hay situaciones muy complicadas que nos pueden llevar al límite de nuestro aguante. En esos momentos, debemos hacer una pausa, respirar profundo varias veces y, si te es posible, pedir un pequeño relevo para recuperar la calma. En caso de conflicto, si nosotros también nos tensamos, entraremos en una espiral de muy difícil solución.
Recuerda, siempre: debes tener presente que tú eres el adulto y el modelo principal para tus hijos. Tu manera de manejar estas situaciones sentará las bases de la forma cómo ellos resolverán sus conflictos cuando sean adultos. Si han sido tratados con respeto, ellos crecerán más equilibrados, sabrán defenderse y expresar sus opiniones.

7 de diciembre de 2013

Cómo hacer una "visita 10" al hospital

Tras el nacimiento de un bebé, las visitas son sucesivas durante los días de hospitalización.
Para interferir lo menos posible en el vínculo materno-fetal, se han creado una serie de pautas a modo de recomendación, publicadas en el periódico “ABC”.



http://www.abc.es/familia-padres-hijos/20130522/abci-primera-visita-bebe-201305201242.html 

6 de diciembre de 2013

Cólico del Lactante


Uno de los problemas más comunes de los bebés durante sus primeros meses son los cólicos, los cuales le causan dolor y lo comunican a través del llanto. Sin embargo, la tarea de identificar la causa del llanto puede ser complicada, especialmente si se trata del primer bebé.
¿Qué es el cólico del lactante?
El cólico del lactante es una condición característica de los primeros meses de vida del bebé y se caracteriza por espasmos de los intestinos que le causan dolor al bebé, razón por la cual llora repentinamente y su llanto puede prolongarse por varias horas.
¿Es común?
Los especialistas afirman que alrededor del 40% de los bebés padecen de cólico del lactante durante la tercera y sexta semana de vida, lo cual se repite de manera constante hasta el tercer mes de vida, aproximadamente.
¿Por qué ocurre?
Los estudios realizados no han podido determinar la causa exacta del cólico del lactante. Hasta el momento, los especialistas lo asocian a una posible alergia a la proteína de la leche, a los niveles hormonales y a la ingesta de gases en el momento de la alimentación. No obstante, el cólico del lactante es un problema pasajero y no deja secuelas a corto ni a largo plazo.
¿Cómo saber si el bebé tiene cólico del lactante?
Los signos para identificar los cólicos en el bebé son:
  • El bebé empieza a llorar repentinamente sin ninguna razón aparente
  • El llanto se extiende por varias horas y la situación se repite por varios días consecutivos.
  • Mientras llora, el bebé encoge y estira las piernas repetidamente.
  • El dolor aumenta progresivamente hasta llegar a un punto máximo y desaparece de manera repentina.
  • Al poner su mano sobre la barriga del bebé podrá notar que está dura.
  • Puede notar que el bebé ha expulsado muchos gases.
Para diagnosticar un cólico del lactante existe lo que se conoce como la regla de 'los 3 de Wessel' en honor al profesor de pediatría estadounidense que describió por primera vez el fenómeno. Se considera que se da un cólico del lactante si el llanto:
  • Aparece antes del tercer mes de vida (generalmente no antes de los primeros 15 días)
  • Dura tres o más horas al día (normalmente el inicio es a última hora de la tarde, aunque no siempre es así)
  • Se prolonga durante tres o más días a la semana.
¿Cómo prevenir o disminuir el cólico del lactante?
Lo más recomendable es evitar que el niño ingiera aire cuando se está alimentando. Si se le está amamantando, la madre deberá verificar que la boca del bebé esté cubriendo todo el pezón y deberá separarlo en cuanto note que el pecho está vacío.
Si el bebé es alimentado con biberón, hay que colocarlo en posición vertical y evitar que ingiera aire. Lo ideal es buscar un biberón que tenga la forma adecuada y que evite que se acumule mucho aire encima de la leche.
Debido a los gases y estiramientos bruscos que a menudo acompañan a los cólicos, tradicionalmente se ha asociado el problema a molestias intestinales, aunque lo cierto es que no se conoce a ciencia cierta cuáles son las causas que lo desencadenan y si al bebé realmente le duele la barriga.
"La mayoría de expertos piensa que puede estar causado por estrés o cansancio del lactante en un momento de inmadurez neurológica y fisiológica".
El llanto es la respuesta del bebé a todas las circunstancias que alteran su fisiología. Llora por hambre, por sueño, cuando necesita consuelo. Y probablemente también llora por inmadurez.
Lo último que se está considerando es que se trata, ni más ni menos, de una etapa normal del desarrollo de los lactantes; de ahí la inefectividad de medidas como preparar infusiones calmantes o realizar cambios en la leche.
Es importante aclarar que no se trata de una enfermedad. Una buena forma de saber que no hay que buscar otros diagnósticos es comprobar que el resto del día el niño está contento, come bien y gana peso de forma correcta.

Se pueden utilizar algunos 'trucos' que, a veces, funcionan.

Lo primero es estar mentalizado, comprender que los niños lloran porque es su única forma de expresar sus necesidades y recordar varias veces que al bebé no le ocurre nada grave. Eso elimina mucha angustia.

También puede funcionar un cambio de aires a tiempo. En ocasiones, los cólicos ceden de modo brusco con los cambios de escenario, como salir de casa a la calle o que el bebé sienta el traqueteo del motor del coche.

También puede ser útil anticiparse un poco al cólico y coger al bebé en cuanto empiezan los primeros signos del fenómeno. Hay que cogerlos en brazos, no esperar a que se calmen. Hay que cogerlos cuando lloran, apretarlos suavemente contra el pecho, ver si tienen hambre, ver si necesitan que se les cambie el pañal o si simplemente necesitan que se les hable despacito o que se les acune.
Cogerlos con frecuencia no los malcría, eso es una verdadera tontería. A los bebés les viene muy bien, y los adultos también se benefician del contacto con un bebé, porque transmiten mucha ternura y confianza.

En los momentos en que los padres hayan alcanzado un punto alto de desesperación, también puede ser buena idea pedir ayuda. Un llanto constante puede poner muy nervioso. Y los nervios de alguna manera se transmiten al bebé. Dejar que otros, como abuelos u otros familiares, compartan ese momento no significa que seamos peores padres.

5 de diciembre de 2013

“Una mirada y una sonrisa bastan para sincronizar los latidos de madre e hijo”

ojitos Científicos israelís descubre que una mirada de afecto y una sonrisa entre madre e hijo sincroniza el ritmo cardíaco de ambos con menos de 1 segundo de diferencia.
Una investigación realizada en la universidad israelí Bar-Ilan demostró que basta que una madre y su hijo se miren y se sonrían para que el ritmo cardiaco de ambos se sincronice.
Los científicos examinaron en un ambiente controlado las reacciones en una relación cara a cara entre varias mujeres que tenían hijos de 3 meses de edad, monitorizando la actividad cardíaca de ambos, así como sus patrones de afecto, miradas y sincronía vocal.
Los resultados son sin duda sorprendentes: según el estudio, bastaba con que una madre mirara a su hijo para que sus corazones latieran al mismo tiempo, con un margen de error de menos de 1 segundo. Además, en un escenario de afecto, esta simultaneidad se hacía todavía más exacta.
Si bien este fenómeno se ha observado en otro mamíferos, hasta ahora el ser humano es la única especie en que esta sincronía se hace posible sin necesidad de contacto físico. Por otro lado, el estudio deja abierta la pregunta de si esto mismo podría suceder con otras personas, por ejemplo, en la relación entre el hijo y su padre.
mirada

El Tiempo Vivido...

Al final no cuenta la cantidad de años de tu vida,
sino la cantidad de vida en tus años.
El Buscador” – Jorge Bucay

Esta es la historia de un buscador que sintió que debía ir a la ciudad de Kammir. Había aprendido a hacer caso riguroso de estas sensaciones que venían de un lugar desconocido de sí mismo. Así que lo dejó todo y partió.


Después de dos días de marcha por los polvorientos caminos, divisó, a lo lejos, Kammir.
Un poco antes de llegar al pueblo, le llamó mucho la atención una colina a la derecha del sendero. Una portezuela de bronce lo invitaba a entrar y sucumbió ante la tentación de descansar por un momento en aquel lugar. Traspasó el portal y empezó a caminar lentamente entre las piedras blancas que estaban distribuidas como al azar, entre los árboles.
Dejó que sus ojos se posaran como mariposas en cada detalle de aquel paraíso multicolor. Sus ojos eran los de un buscador, y quizá por eso descubrió aquella inscripción sobre una de las piedras:

Abdul Target, vivió 8 años, 6 meses, 2 semanas y 3 días“. 


Era una lápida… Sintió pena al pensar que un niño de tan corta edad estaba enterrado en aquel lugar. Fue mirando una a una cada piedra y vio que todas tenían inscripciones similares: un nombre y el tiempo exacto de vida del muerto. El buscador se conmocionó cuando se dio cuenta de que ese hermoso lugar era un cementerio, y cada piedra, una tumba. Pero lo que le conectó con el espanto, fue comprobar que el que más tiempo había vivido sobrepasaba apenas los 11 años. El buscador se derrumbó y comenzó a llorar.El cuidador del cementerio pasaba por ahí y se acercó. Lo miró llorar durante un rato en silencio y luego le preguntó si lloraba por algún familiar.
-No, ningún familiar -dijo el buscador- ¿Qué maldición hay en esta ciudad? ¿Por qué tantos niños muertos enterrados en este lugar?
El anciano se sonrió y le dijo: – Puede usted serenarse, no hay tal maldición. Lo que pasa es que aquí tenemos una vieja costumbre, le contaré:
El anciano se sonrió y le dijo: – Puede usted serenarse, nohay tal maldición. Lo que pasa es que aquí tenemos una vieja costumbre, le contaré.

Cuando un joven cumple 15 años sus padres le regalan una libreta. Y es tradición entre nosotros que a partir de ahí, cada vez que uno disfruta intensamente de algo, abre la libreta y anota en ella: a la izquierda, qué fue lo disfrutado; a la derecha, cuánto tiempo duró el gozo.
Conoció a su novia y se enamoró de ella ¿cuánto tiempo duró esa pasión enorme y el placer de conocerla? ¿Una semana? ¿dos? Y después… la emoción del primer beso, ¿y el viaje más deseado?, ¿y el encuentro con el hermano que vuelve de un país lejano? ¿Cuánto tiempo duró el gozar estas situaciones? ¿Horas, días, años…?
Así, vamos anotando cada momento que disfrutamos. Cada momento. Cuando alguien muere, es nuestra costumbre abrir su libreta y sumar el tiempo de lo disfrutado para escribirlo sobre su tumba. Porque ése es para nosotros…
El único y verdadero tiempo vivido.
 

3 de diciembre de 2013

3 de Diciembre. Día Internacional de las Personas con Discapacidad

No puedo comenzar esta entrada sin mostrar primero el mejor "Keep Calm" que he visto.

keep_calm

Este año bajo el lema ‘Romper las barreras. Abrir las puertas’, celebramos hoy, 3 de diciembre, el Día Internacional de las Personas con Discapacidad.
Nos ofrece una oportunidad para recordar al mundo la situación de las personas con discapacidades y establecer una visión estratégica y un plan de acción para lograr un desarrollo que los tenga en cuenta.
Sendra+DiscapacidadLa igualdad no debe entenderse desde una perspectiva de uniformidad, sino de respeto a las diferencias. Es decir, basada en la búsqueda de puntos en común. Con un sentido de igualdad que entiende y acepta las diferencias en calidad de aportes y no como fuentes de diferencia, ni mucho menos, de separación.
A lo largo de la historia se ha limitado a este grupo de población la capacidad de realizar sus proyectos personales, así como su vida en sociedad.
Las personas con discapacidad requieren, más que compasión, comprensión; más que comprensión, equiparación de oportunidades; aún más que eso, el apoyo para poder realizar su integración social.

Aquí os dejo un video ilustrativo, sobre la vida de Lorenzo, que muestra la verdadera carencia de este colectivo.

El cazo de Lorenzo

1 de diciembre de 2013

1 Diciembre. Día Mundial de la Lucha contra el SIDA.

35 millones son las personas infectadas por VIH según la OMS.

http://www.teinteresa.es/espana/Espana-lucha-intentar-encontrar-VIH_0_1039096424.html

Aquí haré especial mención a algunas consideraciones de SIDA y Embarazo.
sidaTener un hijo es una decisión muy personal y algunas pacientes infectadas por el VIH deciden no hacerlo o bien se quedan embarazadas y aceptan continuar pese a conocer los riesgos. También se dan casos de mujeres que descubren su infección cuando ya están embarazadas. Lo más importante es que sepan qué peligros corren y cómo se debe actuar para reducir al máximo la transmisión del VIH de la madre al bebé.
Antes de que se dispusiera de un tratamiento eficaz, el número de niños nacidos con VIH podía llegar a 2000 al año en un país como EE.UU. Actualmente, en el mundo desarrollado se ha experimentado una reducción notable en las tasas de transmisión de VIH de la madre al hijo (también llamada transmisión perinatal o vertical). Esto refleja el éxito generalizado de las recomendaciones de los organismos de salud. El problema, sin embargo, sigue siendo de gran magnitud en países en vías de desarrollo.

Formas de transmisión.
Puede hacerse en tres momentos diferentes:
Durante el embarazo. Generalmente en el tercer trimestre, conocido como transmisión prenatal. Existen datos que demuestran que es posible el contagio a través de la sangre de la placenta durante los 15 primeros días de embarazo, sin embargo, parece que menos del 2% de las transmisiones se producen antes del séptimo mes.
Durante el parto o perinatal. Por exposición directa a la sangre de la madre o a sus fluidos. Las contracciones uterinas pueden facilitar el paso de sangre de la madre al niño.
Por la leche materna, posnatal o posparto. El riesgo de adquirir infección aumenta entre un 12-26% en niños amamantados. Cuanto mayor sea el tiempo de amamantamiento mayor es el riesgo, siendo considerable después de los tres meses. La lactancia debe evitarse en países desarrollados, pero su prohibición en los países en vías de desarrollo es muy compleja, pues en muchas ocasiones es el único método de alimentación.

Estrategias para reducir el contagio.
sida2Se aconseja que toda mujer embarazada se realice una prueba de VIH en el primer trimestre. Esto adquiere especial importancia en mujeres con algún factor de riesgo conocido, como consumo de drogas o relaciones sexuales promiscuas. Sin embargo, no todas las personas infectadas recuerdan o reconocen un contacto de riesgo, por ello es importante que todas se realicen la prueba.
Si el resultado es positivo, se aconseja iniciar el tratamiento de forma precoz. Diversas terapias han sido estudiadas durante el embarazo, han mostrado eficacia sin aumentar el riesgo de problemas en el feto. Estos fármacos se indican a todas las embarazadas infectadas, independientemente de su estado inmune (incluso en mujeres que no tengan indicación de tratamiento por tener carga viral baja o los CD4 muy altos y no haber tenido ninguna complicación clínica).
Las actividades de prevención perinatal del VIH deben ayudar a garantizar que se entre en contacto con todas las mujeres infectadas con VIH en los primeros meses del embarazo, a fin de proporcionarles atención prenatal así como la posibilidad de enterarse de su condición. Se les debe ofrecer terapia preventiva para aumentar las posibilidades de que sus hijos nazcan libres de infección y garantizar atención y tratamientos del VIH de alto nivel para las madres y sus hijos. Un mayor acceso a la atención médica prenatal así como un mayor uso de la misma, permitirán alcanzar esta meta.

Relación entre VIH y embarazo.
No existe una evidencia de que el embarazo, por sí solo, cambie el curso de la enfermedad. De forma similar, la infección no parece cambiar la manera como se desarrolla normalmente el embarazo. Sin embargo, si aparecen infecciones oportunistas graves durante el embarazo éstas sí pueden afectar el curso del mismo o el pronóstico del bebé.
El VIH no parece afectar el desarrollo del feto. No se han descrito malformaciones fetales ni otras complicaciones asociadas.
Por lo general el seguimiento de la mujer seropositiva tiene algunas peculiaridades:
Las pruebas invasoras como amniocentesis pueden aumentar el riesgo de infección. Se debe valorar el riesgo/beneficio al realizar esta prueba. En algunos casos será conveniente hacerla asumiento un posible aumento de riesgo de contagio al feto.
Con el resto de pruebas invasivas, como análisis de sangre del cordón umbilical (funiculocentesis), ocurre lo mismo, por lo que hay que hacer una valoración precisa de su indicación.
La rotura de bolsa amniótica aumenta el riesgo de contagio. Se debe evitar en el momento del parto. Si esto ocurriera antes de tiempo, hay que provocarlo en un plazo máximo de 4 horas.
Cuando sean necesarias las pruebas se aconseja hacer antes una valoración de la carga viral de la madre y si es elevada iniciar tratamiento antes de realizarlas, para disminuir la cantidad de virus que pueden pasar al niño.

Tratamiento en el embarazo.
sida3No existen dudas de que el tratamiento antirretroviral es claramente beneficioso para la mujer embarazada. El riesgo de transmisión al bebé se reduce significativamente por lo que TODAS las mujeres embarazadas deben ser tratadas con medicamentos que tengan acción contra el virus de la inmunodeficiencia.
Sin embargo, hoy en día ningún tratamiento elimina por completo este riesgo y no existe forma de diagnosticar al bebé antes de que nazca.
El único fármaco aprobado para el uso durante el embarazo es la zidovudina (AZT). Éste se da a la madre por vía oral durante todo el embarazo, por vía intravenosa en el momento del parto y en gotitas al recién nacido durante sus seis primeras semanas de vida.
En los casos en los que la madre no recibe tratamiento durante el embarazo o el parto, se debe administrar al bebé justo después de nacer, lo que permitirá disminuir las posibilidades de contagio.

Lactancia materna.
El VIH está presente en la leche materna. Hasta un 29% de las transmisiones materno-infantiles se producen por el amamantamiento continuo de madres seropositivas.
En los países occidentales existen alternativas para alimentar a los niños, por lo cual se aconseja a todas las madres seropositivas que eviten la lactancia materna. Los beneficios de la lactancia, que son muchos, se ven eclipsados por el riesgo de contagio al niño.

Diagnóstico del recién nacido.
Actualmente se hace con medición directa del virus (carga viral, presencia de antígenos) ya que la detección de anticuerpos puede dar lugar a equívocos puesto que los niños pueden tenerlos porque hayan pasado desde la madre, sin que esto signifique que estén infectados.
La presencia de virus en la sangre se considera diagnóstica de infección.
Hay que repetir la prueba en el seguimiento puesto que cantidades muy pequeñas de virus pueden no detectarse en una primera prueba. Se repetirá el test a las seis semanas y a los seis meses. A los 18 meses ser realizará una prueba para detectar anticuerpos (en caso de estar presentes ya se consideraran como propios del niño e indicarían infección). Hasta este momento no se puede decir con absoluta certeza que el niño no haya sido contagiado.